El timador.
Esta semana les
voy a hablar sobre el coaching, para
los que no sepan de que se trata, les diré que es una metodología consistente
en que una persona o un grupo de ellas consigan unos objetivos concretos en un
tiempo fijado previamente. El coach o entrenador se encarga de asesorar a las
personas a lo largo de este proceso de “cambio”.
La intención de
éste artículo no es criticar el coaching ya que he asistido a sesiones
impartidas por profesionales formados y con una larga trayectoria profesional que
usan dicha metodología de forma eficaz, siendo conscientes de aquello que
pueden conseguir y que no. Pero a partir
de ahora daré mi opinión sin pelos en la lengua. Desde hace unos años existe
una corriente de aprovechados, sinvergüenzas, caraduras y gurús del desarrollo
personal que se han encargado de confeccionar una red de timadores que viven en una burbuja de dinero y
felicidad.
Hace unas
semanas mi pareja me convenció para
asistir a una sesión de coaching impartida por un tipo al que no le gustaba su
trabajo y se había hecho rico porque hizo un viaje a EEUU para poder aprender
de la élite de aquel país. “Quiero devolver algo a la sociedad” dijo, y se
quedó tan ancho.
He de reconocer
que como predicador de cualquier doctrina religiosa podría ganarse la vida, en
aquel salón de actos el ambiente estaba enrarecido. Constantemente pedía al
público que levantara las manos y el abría sus brazos dando a entender, hasta
ahora no habíais conocido a alguien tan
bueno como yo. Después del potaje de
conceptos que ofreció, lo único que me quedó claro fue, que nos intentó vender
un libro y un curso como 100 veces y lo peor de todo es que alguien de aquella
sala seguro que acabó picando. No sé si a lo largo de las 200 conferencias que
decía haber ofrecido y de la cantidad de gente que había ayudado, habrá
devuelto algo a la sociedad. Pero si sé que está cumpliendo uno de sus
objetivos, una cuenta corriente más
abultada.




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