Por ninguna razón.
Hace un mes la plataforma de entretenimiento digital Netflix estrenó una
nueva ficción televisiva llamada “Thirteen
reasons why” basada en la novela de Jay Ashe la cual alcanzó el número uno
en la lista de bestsellers en Estados
Unidos.
Como fan de del streaming
multimedia me propuse visionar la serie de la que tanto había escuchado hablar
a lo largo de las últimas semanas. Lo primero que me llamó la atención es que
“Por trece razones” había puesto de moda de nuevo los casetes (esos artilugios
rectangulares de plástico, como mínimo del pleistoceno y que se rebobinaban con
un bolígrafo). La serie nos relata la historia de Hannah Baker una estudiante
cualquiera que sufre acoso y acaba quitándose la vida por los argumentos que da
en unas cintas que envía a sus compañeros tras su muerte. He de reconocer que
la premisa es llamativa, si a ello le sumamos un halo mayfair en la grabación y que lo vintage mola, tenemos la fórmula perfecta. Mi intención no es
criticar la calidad de la producción, ya que al menos es bastante entretenida.
Pero sí que no voy a pasar por alto la manera en la que edulcora una realidad
tan triste como el Bullying o acoso
escolar. Es de agradecer que “Por trece razones” ponga en boga de todos el
tema, ya que 1 de cada 10 niños en nuestro país reconoce haber sufrido algún
tipo de acoso, porcentaje que se incrementa en el caso de ser mujer y que
asciende a 4000 alumnos al año. De lo que no se habla, es que el año pasado 310
personas de entre 15 y 29 años nos dejaron por voluntad propia.
No me interesa el cómo ni por qué pero si estoy seguro de que romantizar el suicidio y azucarar el
acoso no es la fórmula ni la solución.
No podemos permitir que en 2017, a un toque de pantalla de comenzar un
acoso, digamos que son chiquilladas. A quien competa, tomen conciencia para que
NO nos den ni una razón.



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