Directamente me
propongo lanzarle una batería de preguntas, ¿hay
algo peor que un trabajador tóxico?, ¿tiene algún compañero/a nocivo?, ¿lo es
usted? Antes de seguir leyendo sería conveniente que le dedique unos
minutos a intentar responder a estas cuestiones.
Se sorprendería
de lo que cuesta un trabajador tóxico a una empresa. Según la Universidad de Harvard en torno a 12.000 dólares al año,
desde mi punto de vista, un costo inasumible. El ADN tóxico se caracteriza por
una clara falta de motivación, son fanáticos de los conflictos, pierden
demasiado tiempo, toman mucho café, la vejiga sensible, bajo rendimiento laboral
y en situaciones complicadas muerden como perros rabiosos.
No podemos negar
que son habilidosos, se esconden bajo una capa de excusas mientras en sus ratos
libres los dedican a criticar mientras manipulan y no ofrecen ninguna
colaboración. No debemos tratar éste problema como algo insignificante, piensen
que pasamos una media de 9 horas y 19 minutos en nuestro puesto de trabajo, de
las cuales realmente productivos somos 6 horas y 34 minutos, los martes somos
más productivos y los viernes más eficientes, febrero es el mes más productivo
y agosto el que menos. Pasamos un tercio de nuestro tiempo en el trabajo. Es
mucho tiempo para no cuidarlo, demasiado para dejar que alguien lo agreda
constantemente con su desgana y su déficit competencial.
Pero si sirve de
consuelo, no toda la culpa es de los empleados, ya que algún que otro directivo
también se las trae, pero son aún peores ya que en éste caso tienen responsabilidad
dentro de la organización. Es imposible motivar a los demás cuando nuestro
propio jefe no es capaz de predicar con el ejemplo.
Todos sabemos más
que de sobra que la situación actual sigue siendo difícil, pero hay gente que
se empeña en complicarla aún más.



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