A esto se le llamaba Navidad.
Antes de nada me gustaría desear a aquellas personas que me
leen, que ojalá hayan pasado una Feliz Navidad. Las Pascuas vienen acompañadas
de mensajes inesperados y cargados de buenos deseos, reuniones familiares, regalos
y comilonas vikingas. La Navidad como fiesta posee unos valores
envidiables: humildad, gratitud y
solidaridad por citar algunos. Aunque me temo que en Siglo XXI muchos se quedan
en el tintero y la hemos pervertido, recitando una oda al consumo.
He de reconocer que la la Navidad siempre me ha gustado,
pero quizá debido al paso de los años he podido darme cuenta de que ya no me
entusiasma como antes. Hay cosas que siguen teniendo su aquel, una chimenea
calentita, los regalos, el olor a turrón y las cestas de chuches. Pero si
escarbamos un poco más, nos encontraremos con una saturación de anuncios y
sesgos que nos incitan a comprar. Esa bebida que destapa la felicidad, esas
maratones tremendamente entretenidas de anuncios de juguetes, esa actriz que
nos anuncia un perfume, ese coche que siempre hemos querido y ese smartphone
afrutado. A estas alturas de la película ya es complicado dar marcha atrás, nos
encontramos en un punto en el que nuestro nivel de gasto es un fantástico
termómetro de felicidad. Cada Navidad tenemos más “necesidad” de comprar
aquello que no necesitamos, y que pasa a ser basura en 6 meses. Las compañías
se frotan las manos a partir de Noviembre pensando en su cuenta de resultados y
nosotros como pececillos hambrientos picamos el anzuelo lanzado con
premeditación y alevosía.
Por suerte o por desgracia disponemos de información de todo
aquello que queremos comprar, opiniones, reviews,
unboxings y blogs que nos hablan
de las virtudes de aquello que queremos adquirir. Pero aún con ese exceso de información,
ya no somos compradores inteligentes, conseguimos ese objeto de deseo a costa
de que no dure. Cada año anhelamos
gastar más y peor.
No soy nadie para poner en duda que habrá muchas familias
que disfruten las fiestas con un sentido más puro, más personal. Que perciban
la festividad como una oportunidad para disfrutar con la familia y amigos,
viajar o darse un capricho después de un año de duro trabajo.
La Navidad ha perdido su esencia, como casi todo lo que
tocamos.



Comentarios
Publicar un comentario