El pasado mes en el programa “La vida moderna” de la cadena SER se hicieron unas declaraciones poco acertadas acerca de las personas que padecen autismo o similares y que vejaban de forma gratuita a los que padecen dicho problema. Después de las desafortunadas declaraciones las redes explotaron y volvió a surgir el debate, ¿Cuáles son los límites del humor?

En 2018, todos nos reímos de todo y que nos digan lo contrario. Si alguien nos dice que algo que nos parece jocoso no lo es, solo basta con echarnos las manos a la cabeza y alegar que nuestra libertad de expresión está siendo coartada. Como ya saben más que de sobra, expresarse de una forma libre es un derecho fundamental, pero que como cualquier otro también conlleva sus responsabilidades.


Cualquier emisora de radio o cadena televisión que se precie ha de tener en sus filas a un gurú del humor encargado de hacer chistes de dudoso gusto. En 2018 nos podemos reír de las personas con SIDA, con cáncer, con autismo, de la homosexualidad, de la heterosexualidad, de las ideologías políticas, de los chinos, de los negros, de los catalanes, de los andaluces, de las mujeres, de los hombres y de quien se ponga por delante. Basta con soltarlo y acompañarlo de carcajadas de los acólitos de turno.

Reírse es lo mejor que tiene el ser humano, pero no a cualquier precio. Detrás de las personas con autismo hay familias que luchan día a día por un pequeño progreso, el cáncer es la primera causa de muerte en nuestro país y una orientación sexual no debe ser motivo de mofa.

Pero parece que los humoristas TOP no son conscientes de ello, por desgracia los hay aún peores, los colaboradores que por intentar ganar un poco de protagonismo venden su dignidad y se dedican a soltar la primera chorrada que se les pasa por la cabeza.

No paren de reír pero recuerden que existe una línea muy delgada entre el humor y el mal gusto.


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